miércoles, 11 de enero de 2012

Ouch!

Soy torpe. Sí, ya sé que lo he mencionado antes, pero jamás podrán asimilar cuan torpe puedo llegar a ser. Torpe de enredarme con los cables de un televisor y tirarlo al suelo. Torpe de cortarme las venas con una goma. Torpe como para tener una esperanza de vida más corta que la de un Dalek enfrentándose a Magneto. Tooooooorpe, torpe, torpe.

Lo único bueno de ser tan torpe, es que me da ideas para escribir en el blog. Anécdotas que cuelgo aquí para que otros se rían de mi desgracia. Hala, ya les he hecho sentir mal. Ahora, las risas.

Una mañana de hace unos cuantos años. Gracias a la perfecta coordinación del transporte público en mi barrio (que consigue que pasen horas sin que se digne a aparecer una sola guagua) tuve que correr hasta otra calle cercana. MP3 en mano, deportivas en los pies, salí en modo Usain Bolt adelantando a todo el que me cruzaba, incluída la hija de la vecina más chismosa de mi barrio -señores de la CIA, déjense de drones y tontás: aquí tenemos a una Spy Master. Contrátenla y líbrennos de ella, por favor.

Todo iba bien, en tiempo y sin demora, hasta que me topé con uno de mis peores enemigos. Mi némesis. Mi Moriarty. Mi bête noir.

Una jodida escalera.
Si Led Zeppelin me hubiera conocido, Stairway to Heaven se hubiera llamado Stairway to Urgencias.
Ahora estarán pensando: "bof, esta pobre se tropezó y bajó rodando los 400 escalones". No. Nada más lejos de la realidad. La escalera en cuestión constaba de TRES escalones. Tres. Tres, señora. Nadie perfectamente sano tanto en lo físico como en lo mental puede hacerse daño en una mini-escalera que apenas sobresale de la acera, ¿verdad?

¿Verdad?
Podría haber una foto de Busquets, pero esta la tenìa a mano.
No me pregunten cómo, porque no tengo respuesta. Sólo sé que tres segundos más tarde estaba tumbada en medio de la carretera, con:
  1. Un chichón producto del choque entre mi cabeza y un coche de licencia municipal. El coche está bien, no llegué a abollarlo.
  2. Las palmas de las manos despellejadas por haber caído con los brazos por delante sobre el asfalto.
  3. El MP3 arañado y desconchado, pero seguía funcionando. Alabado sea Rassilon.
Y creo que se me olvida algo...

Ah, sí. Una tontería.

Ambos tobillos rotos.
Ahora mismo acaban de poner esta cara.
Es curioso cómo funciona el cuerpo humano. Durante el par de segundos que tardé en darme cuenta de que me había caído, no noté ningún dolor. Sí, las manos me escocían y me zumbaba la cabeza, pero no notaba nada raro. Sólo pensaba: "mierda, no creo que se me haya roto el MP3" y "se me va a escapar la maldita guagua".

Entonces intenté ponerme en pie.

Hay dolores indescriptibles. Están los que te dejan sin respiración, los que te ponen la mente en blanco, los que te hacen ver a la Virgen, los Doce Apóstoles y toda la corte celestial y ponerlos a caer de un burro; los que hacen brotar lágrimas hasta a Chuck Norris, los que te convierten de golpe en Rayo Negro y te haces oír en toda la comarca...

El mío era ecunémico: los englobaba a todos, sin distinción. Entonces miré hacia abajo y noté que mis pies estaban extrañamente girados hacia fuera. En concreto, las plantas de los pies, que solían mirar hacia el sur, estaban mirando por primera vez en sus vidas en dirección este-oeste. Cosa curiosa, mirusté.
Tal que así.
Algo de suerte tuve, ya que todo el follón ocurrió a apenas diez metros del centro de salud. Sí, de ese centro de salud del que ya he hablado antes. Un grupito de personas que andaba por la calle se acercaron a ver cómo estaba (lo que en canario se conoce como noveleriar) y alguno corrió hasta el centro para pedir una silla de ruedas. La hija de mi vecina, muy altruista ella, se quedó conmigo todo el tiempo y mandó a su hija de 8 añitos a avisar a mi madre... y de paso, contarle a su abuela lo que había pasado. Aunque agonizaba de dolor, mi cerebro supo descifrar lo que iba a ocurrir: que antes de que yo saliera de urgencias, la noticia se iba a extender a más de 20 kms. a la redonda. Ni ¡Hola!, ni Sálvame, ni Twitter. El viejo sistema Windows (de ventana a ventana) de toda la vida.

Vieja l'visillo attacks!
Trajeron una silla de rueda y me metieron en el centro. Y aquí comienza el cachondeo. No sé qué le pasa a mi sistema nervioso que, cuando peor estoy, más coñas hago. Todavía hoy me recuerdan las enfermeras como la que entró en urgencias gritando "¡¡¡Que venga el doctor House!!!" y que retó a un abuelete a una carrera a dos ruedas por el pasillo de análisis. Supongo que intentaba olvidarme del dolor. O que me piqué porque el viejo tenía una silla de ruedas mejor que la mía, que se caía a cachos.

Tras un buen rato me meten en un box para el primer examen. A continuación, narraremos el diálogo de besugos que tuve con una enfermera.
*me pinchan el dedo para sacar sangre*

Eeeerm... oiga, ¿y esto para qué?
-Para saber si te has desmayado por una bajada de azúcar.
¿¿¿??? Si yo no me he desmayado, oiga. Que me caído.
-Vas a saber tú más que el médico... ¿no se te nubló la vista unos segundos antes del desmayo?
¡¡¡Que no me he desmayado, joder, que me he caído!!! ¡Míreme los tobillos!
-Que no, que en el informe pone que te has desmayado.
¡¡¡Y UNA MIERDA ME HE DESMAYADO!!! *le cojo del cuello* ¡¡¡Míreme los tobillos!!! ¿Por qué estarán hinchados? ¿¿¿Por retención de líquidos???
-Uy, pues es verdad... Espera, que voy a consultar...
Otro buen rato más tarde llegó una enfermera diferente. Por lo visto habían confundido mi caso con el de una señora mayor que sí que se había desmayado. Me imagino a la pobre abuela flipando porque, en vez de medirle la tensión, le quitaban las medias para mirarle los pies.

La cosa sigue.
Oiga, ¿y no me pueden dar algo para el dolor? No es por ser quejica, pero me muero...
-Hasta que no llegue tu historial, no.
No tengo alergias a medicamentos, ni condición cardiaca, ni problemas hepáticos o renales. Que ya me conozco el percal, por diox. Deme. Algo. YA. *se me saltan las lágrimas*
-Hasta que no llegue tu historial, no.
El historial de asesinatos por tontás van a traer... Pues más que sea deme un trapito para lavarme las manos, que están sucias y quemadas del asfalto.
Me dio un minicacho de algodón mojado en alcohol. Recuerdo a los lectores que tenía las manos despellejadas. Y me dio alcohol. Justo en ese momento entraba mi madre, bastante asustada.
-Lobita, cariño, ¿estás bien?
¡¡¡Gracias, so generosa!!! ¡¡¡Así te laves con alcohol el co...!!!
-Vale, estás como siempre... *suspiro*
Por lo visto mis gritos y demás juramentos atrajeron al doctor que estaba de guardia. Su manera de diagnosticar fue de libro.
-¿Te duele aquí? *aprieta el tobillo*
(BERRIDO DE CERDO EN LA MATANZA DEL PUEBLO)
-Vale, está roto. ¿Y aquí? *intenta apretar el otro tobillo*
¡¡¡NI SE LE OCURRA, DESGRACIADO!!!
-Vale, creo que también está roto.
Hacía falta más pruebas para comprobar el alcance de la lesión y cuánto iba a tardar en volver al campo de juego, pero para ello tenía que ir al hospital porque ellos no tenían máquina de rayos-x.
Madre Loba: Bien, entonces la llevarán en ambulancia, ¿no?
Médico: Uy, no. La cosa está muy mal y no podemos enviar a cualquiera en ambulancia. Tendrá que llevarla usted.
ML: ¿¿¿??? ¡Pero si tiene los dos pies rotos! ¿Cómo la voy a llevar en un taxi así como así?
M: Eso es cosa suya, no nuestra.
ML: ¡¡¡Pero si la ambulancia está ahí fuera, parada desde hace una hora y con los conductores tomando café en el bar de la esquina!!!
M: No es asunto mío, señora.
ML: [Por motivos puramente morales, no reproduciré lo que mi madre soltó a continuación. Sólo diré que la mayor parte rimaba con "camión", "tabardo" y "fruta"]
Como pude, pasé de la silla de ruedas al taxi, donde fui con los pies sobre el regazo de mi madre y llorando con cada bache que cogíamos porque NO ME HABÍAN DADO NADA PARA EL DOLOR. Ahora sí que estaba a punto de desmayarme, pero con tal de no darle la razón a las enfermeras aguanté hasta el hospital.

La repanocha, oiga.
Madre Loba: Perdonen, ¿pueden traer la silla de ruedas?
Celador con su cigarrito: Uy no, lo siento, pero tiene que entrar por su propio pie.
ML: ¡¿Comorl?! ¡Pero si tiene los dos pies rotos!
C: Es que si vamos a buscarla y se cae, nos puede denunciar por negligencia.
Lobita: ¡¡¡¡LO QUE TE VOY A DENUNCIAR POR GILIPOLLAS!!! ¡¡¡TRAE LA MALDITA SILLA DE RUEDAS, HUEVÓN!!!
Y no la trajo. Tuvo el taxista (bendito sea) que cogerme en brazos con ayuda de mi madre y llevarme hasta una silla que estaba dentro de urgencias. Por suerte, no nos lo cobró como suplemento de maletero. Ya dentro, me hicieron más pruebas.
Enfermera: Madre mía, tienes la tensión desplomada y una ligera arritmia.
Lobita: ¿¿¿Y no será porque ME MUERO DE DOLOR???
E: No te puedo dar más dosis que la que te dieron en el centro de salud.
L: ¡¡¡Es que no me han dado una mierda!!!
E: ¿?
L: ¡¡¡Nada!!! ¡¡¡Cero!!! ¡¡¡Res de res!!! ¡¡¡Por lo que más quieras, dame algo si no quieres que me ponga a berrear junto a los que han entrado con infartos!!!
Y por fin, CUATRO HORAS después, me dieron un calmante. Para lo que sirvió, pero algo es algo. A continuación, me llevaron a la sala de rayos, donde me aparcaron en zona azul y me abandonaron durante dos horas más.
Oiga, enfermera... ¿cuándo me van a atender?
-Uy, es que la máquina de rayos se ha roto y hay que esperar a que venga el técnico.
¿Y mientras no me podrían tumbar en una camilla o algo? No es por molestar *tono de sarcasmo* pero creo que ya no siento los pies y estos se están poniendo negros...
Tururú. Lo que vino a salvarme fue la visita sorpresa de una concejala. Sí, para que luego digan que los políticos no sirven para nada. Llegó junto con la jefa de radiología (eso ponía en su chapa), la cual me vio moribunda en una esquina y, no queriendo que los enfermos -tan molestos ellos- le estropearan el lameculismo, hizo un gesto a un celador para que me metiera en una de las salas de rayos.
Pero jefa, la máquina está rota.
-¿Qué está roto?
Lo que mueve la mesa para centrar al paciente.
-¿Pero los rayos funcionan?
Eso sí.
-Pues que le hagan la radiografía como sea. Si hay que mover la mesa a mano entre cuatro, que se haga.
Y todo eso delante de mí. Total, pensarían que estaba inconsciente. O al menos, lo aparentaba bien. A base de empujones, tirones y demás esfuerzos lograron sacarme la radiografía y me enviaron al traumatólogo. Sí, lo han adivinado bien: me tocó esperar una horita más.
*mira la radiografía*
-Fisura en la cabeza de ambas tibias. Reposo y los pies en alto.
¿Y no me va a enyesar?
-¿Pa qué?
...
Me sacaron a la sala de espera. A esas alturas ya tenía un ligero cabreíllo. Por mi experiencia en torceduras y golpes, sabía que lo que tenía siempre llevaba yeso y que probablemente tuviera los ligamentos tan rotos que necesitarían cirugía. No es que sepa más que el médico: es que varios médicos más me confirmaron mis dudas más tarde. Cuando ya no había nada que hacer e iba a sufrir dolores en los pies durante el resto de mi vida por una negligencia. Capullo.

Llaman a mi madre (y a mi padre, al que le había dado tiempo de salir del trabajo, coger la guagua y llegar hasta el hospital. Viva la rapidez del servicio de salud).
-¡Familiares de Noba de Arena!
¡¡¡LOBA!!! ¡Joder, encima de vagos, inútiles y lerdos, no saben ni leer un nombre!
Una vez más, en taxi hasta mi casa. Cuando llegué estaban los vecinos en el portal esperando noticias sobre mí. No, no es que les importe mucho: es que la criaturita que llevó la historia a su abuela engordó ligeramente los hechos, y la gente pensaba que había ingresado en coma irreversible. Pude ver caras de decepción cuando repararon en que no iba a haber un velatorio al que ir a criticar. Siento haberles jodido la diversión, so crápulas.

En fin, después de tanto dolor sólo me queda algo por lo que reírme: la cara de mi traumatólogo privado cuando vio las radiografías de mis tobillos tres meses después del accidente.
¿Qué tal lo ve, doctor?
-¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAASHHHHHH!!!! *gesto de dolor*
Hilarious.

7 comentarios:

  1. O_O HIJA MIA! es que me pasa a mi y hasta con los pies rotos me levanto a darles de toñas! (o en su defecto se las da mi madre, que no soporta lo más mínimo los vacilones; más si estos atentan contra la salud de su familia) menuda panda joder! y no hay motivo de burla, sean tres o dos escalones, un mal tropiezo puede tener consecuencias así perfectamente, no siempre es cosa de la altura a la que te caigas y lo digo por experiencia propia, que con 14-15 años me fastidié una rodilla tras dar un inocente saltito de menos de MEDIO METRO en un carrefour (por aquel entonces Continente...)

    Yo más que reírme, me asombro de cómo están los servicios de salud; qué cruz, señó... y olé tu resistencia y que al menos sabes tomarte las cosas con humor -los nervios es lo que tienen-, yo también he soltado y hecho perlas semejantes cuando me ha tocado ir a la clínica por algo. Ya lo contaré más adelante XP besitos Lobita!

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  2. Cinco cosillas murápidas...

    Uno: mira por donde pisas.

    Dos: dinamita ese centro de salud antes de que alguien salga herido de verdad. El resultado para los enfermos que se encuentren dentro será el mismo, pero menos doloroso.

    Tres: el taxista al menos se podría haber invitao a un porro, leñes.

    Cuatro: Magneto NUNCA tendría nada que hacer contra los Daleks. Son SUPERIORES. Punto. Exterminar.

    Cinco: me alegro de que sigas viva y con dos pieses.:P

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  3. Ouch!! Y yo me quejé de un esguince de tobillo, pero esto... OUCH.

    Y me confirmas una vez más que la sanidad es kafkiana según que centros de salud a veces :P

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  4. No quieras ni saber como me tuvieron a mi cuando tuve el accidente con el coche. Si noles llame de todo es porque me dolia hasta el aliento. Creeme, te entiendo más que bien. Algun dia hemos de intercambiar juramentos.

    Es que le manda huevos. ¿Kafkiano dice el pulpo? Lo kafkiano es una orgia con drogas, alcohol y rock non-stop allado de eso. es que de verdad...

    Por cierto, ¿?te quedo alguna secuela?

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    1. ¿Secuela? Nah, nada grave. Tan sólo no puedo correr, saltar, ponerme de puntillas, llevar tacones, y si cambia el tiempo se me hinchan. Acabaron con mi carrera futbolística antes de empezar XD

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  5. Aaaaay, pupa... Madre mía, vaya jauría de inútiles.

    A mi me pasó una cosa parecida, me rompí un ligamento del tobillo en una noche de jarana y en el centro de (mala) salud decían "esto le ponemos una venda y tras tres días con la pata en alto, como nuevo, HOYGA". Menos mal que mi madre cedió a mis súplicas y me llevó a la capital (bueno, a Jaén, que es lo más parecido a una capital que tenemos a mano) al médico de los dineros que me hizo una radiografía y vio que aquello tenía cirugía...

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  6. A mi con mi primer esguince ni venda. Era poco grave pero dolia XD
    Derivó en tendinitis por mi miedo a los médicos.

    Ay hija, te quiero mucho, pero pobrecita que cosas te pasan.

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