martes, 26 de octubre de 2010

'Te quiero' se puede decir ladrando

Antes de empezar con el bla-bla-bla a tratar hoy, ruego un minuto de silencio por un amigo que nos ha dejado. Compartió su sabiduría con nosotros a cambio tan sólo de un par de mejillones. Nos dio esperanzas cuando sólo había oscuridad tras una paliza à la suisse. Y sobre todo nos mostró que en este país, a la hora del cachondeo, desaparecen todas las diferencias entre comunidades, afiliaciones políticas y equipos de fútbol.

Gracias por todo, Paul. Descansa en escabeche.

'Ganará España', y Paul vio que eso era bueno - Evangelio según San Paul, 1-0
Y ahora, al tema: curioseando entre móviles viejos nos hemos encontrados con cientos de fotos y vídeos, entre ellas muchas de nuestro particular Amo y Señor: mi perro Karim.

No sé si ya les he hablado antes de mi perro. Era de raza chucho-de-cuneta. Es decir, que no teníamos ni zorra idea de lo que era. Tras mirarlo detenidamente durante horas, el veterinario sacó dos conclusiones: que el perro tenía más mezclas que el Ibiza Mix y que tenía algo de cocker y algo de chihuahua. O no. Pero salió bastante bonito, todo hay que decirlo. En mi casa, siempre apostando por las minorías étnicas, preferimos al macho negro sin cola por encima de las otras tres hembras marrones con cola de la camada. Black Power.

Su nombre proviene de una discursión filosófica-moral entre mi madre y yo. Ella quería ponerle un nombre árabe (le chifla todo lo relacionado con Al-Ándalus y demás) y yo quería ponerle el nombre de un jugador de baloncesto, deporte que me encanta y que practiqué durante años. Al final llegamos a un acuerdo: le pondríamos el nombre árabe de un jugador de baloncesto. En aquella época había dos jugadores muy famosos que cumplían con los requisitos, Hakeem Olajuwon y Kareem Abdul-Jabbar. Escogimos el segundo. Ella porque le gustaba cómo sonaba el nombre, yo porque soñaba con poder realizar el Sky-hook en algún partido con el equipo de mi colegio. El día que me salió me rompieron la muñeca, pero eso ya es otra historia.

Me lo regalaron cuando yo tenía seis años y él un mes de vida. Nada más llegar a mi casa dejó claras un par de cosas: que a partir de ahora mandaba él (me mordió), que todo lo que hubiera bajo el techo era suyo (se meó en la cama de mis padres) y que él no estaba encerrado aquí con nosotros, nosotros estábamos encerrados aquí con él. Pequeñajo, pero bravo. Y cabezota. Siempre nos hemos preguntado qué hubiera pasado de encontrarse César Millán con este William Wallace en pequeño y cánido. Uno de los dos acabaría retirado en un monasterio tibetano hundido en perpetua humillación, y sospecho que sería el que va a dos patas.

Era vago. Si hemos de creer en las reencarnaciones, mi perro debió ser un gato persa gordo en otra vida y, en estos momentos, su alma se aloja en el cuerpo de un futuro funcionario. Su horario consistía en:
  • 9:00 - levantarse para desayunar
  • 9:30 - salir a la calle a hacer sus cosas
  • 10:00 - echarse una siesta
  • 14:00 - levantarse para almorzar
  • 14:30 - echarse una siesta
  • 17:30 - salir a la calle a hacer sus cosas
  • 18:00 - echarse una siesta
  • 20:30 - levantarse para cenar
  • 21:00 - dormir
Vago. Vago, vago, vago. No era más vago porque eso requería concentración y se cansaba. Recuerdo haberle enseñado una pelota de tenis y lanzarla con la ilusión de que fuera tras ella y me la trajera. La típica escena familiar de la película del sábado en A3. No sólo no se movió, sino que me echó la mirada de desprecio y superioridad más elocuente que jamás nadie - ni siquiera un gato- me haya echado. Le tuve que pedir perdón y todo. Y traerle la pelota.

Estaba gordo. Tanto, que se llegó a dar esta conversación:
*Perro que no camina porque se le gastan las suelas*

*Dueña (yo) tirando de la correa*

Yo: Camina... caminaaaa... joder, Karim: mue *tirón* ve *tirón* teeeee!!! *tirón más largo pero igual de infructuoso*

Señora que pasaba por ahí: Aaaw, déjala... las perritas embarazadas suelen ponerse muy tontas.

Yo: *WTF* E-es un macho, señora...

SQPPA: O_O Ah, pues qué gordito está...
Estaba tan "hermoso" que acabó respondiendo por otro nombre: Gordis. A él le daba igual mientras a "Gordis" le siguiera la palabra "comida". La apoteósis llegó el día que mi madre dijo: "¡Gordis, a comer!" y vinieron el perro... y mi padre. Al final va a ser verdad eso de que los animales se acaban pareciendo a sus dueños. Diosa aún se acordará de aquel primer día de PAU en el que, viajando ya de vuelta a casa, le señalé dos enormes puntos redondos (uno grande a rayas y otro negro más pequeño) a lo lejos. "Mira, mi padre paseando al perro". Entre nuestra situación y la de los dos bolichones había un barranco de unos 500 metros de ancho. Y los distinguí. Google Earth también.

Durante su vida se convirtió en el centro del amor/odio en nuestro hogar. Nada se hacía sin contar con él: si nos íbamos de viaje había que prepararle todo -mantitas, juguetes- para que se quedara en casa de su/mi abuela. Si salíamos un par de horas le dejábamos comida, agua, sus juguetes, su cama y la tele puesta (La 2 y sus documentales, para que se culturizara) para que no se aburriera. Si se arreglaba o cambiaba algo en el hogar se lo mostrábamos a él primero para que se acostumbrase -el día que sustituímos las camas por arcones se cogió un cabreo épico: le encantaba dormir bajo ellas. Y en caso de que apareciera algo roto, el perro quedaba exento de culpa. 

Yo no. De ahí el odio. Rivalidad entre hermanos lo llaman algunos.

Incluso tras cargarse, en un momento sólo calificable como chanante, el árbol de navidad, el belén de porcelana, las luces del árbol, el enchufe donde estaban conectadas y recibir una descarga eléctrica que le rizó el pelo del lomo para siempre, todo esto en 0.3 segundos, no se le dijo nada. De hecho, se le consoló por la descarga y a mí me echaron la bronca por permitir que pasara. Llegué a sospechar, tras varios años de favoritismos hacia el can, que habían cambiado el testamento a su nombre. Y que conspiraba contra mí.




Nos dejó con dieciséis años, que ya es una edad considerable para un perro. Ya hace cuatro años de ello y aún oímos sus pisadas en la noche, cuando se levantaba para beber agua u orinar en sus papeles de periódico -le gustaba hacerlo en el MARCA. Caprichos que tiene uno. Y a veces aún lo llamo cuando entro en mi casa. Fue una fuente de alegría, movimientos de cola y peloteo para algunos (mi madre y mi abuela) y una fuente de celos, mordiscos y aquí-mando-yo para otros... bueno, para mí. Supongo que me consideraba el cachorro de la manada al que había que poner en su sitio. Eso, o que simplemente era un cabrón manipulador.
Y qué. Lo queríamos igual.

Para muestra, un botón.
Dieciséis años así. Canis Funcionarius (nótese el pelo rizado del lomo fruto de la descarga).

Más escenas de cama.

TRES horas para ponerle el abrigo. Para entonces había dejado de llover.
 Vídeo que muestra lo que ya sospechábamos: que era muy vago.

5 comentarios:

  1. Aw. Haces que me acuerde baby, mi(nuestra) perra. Murió... mayor tambien, 14 años. Y ciega. Una perra con humanos lazarillo, es irónico. vaga no era, y ODIABA a los gatos desde que la quisieron robar la comida (viviamos en una casa en cuya cuadra se habiaa palancado una familia de gatos de pueblo).

    y seria mas o menos del tamaño de Karim.

    Ultima anñecdota: mi segundo hermano queria llamarle "Comida"

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  2. Aaw, pero si era una monada adorable...

    Eso no quita que pudiese ser un cabrito manipulador, ciertamente.

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  3. Kraken, lo era. Este le dio clases de manipulación sentimental al Gato con Botas XD

    Deka, este también odiaba a los gatos y los perseguía, hasta que uno de ellos -el veterano del barrio- lo llevó hasta la carretera justo cuando pasaba un coche. Sólo fue un golpillo, pero del susto ya no quiso saber más de mininos XD

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  4. awwww, lindo y a la vez el tipico capullete que no puedes sino quererlo :D y Odie que era igual; de vago NÁ, (de hecho el jodio era de un hiperactivo que casi no se podía aguantar XP), a él también lo confundían con una perrita, pero embarazada no (con lo flaco que estaba? pero proporcionado, que pesaba 6 kilos que no le quitaba nadie...); lo confundían siempre por lo mismo:

    "que perrita más bonita!"

    si es que era precioso y lo sabía XD chantajista, medio manipulador y pesao...

    no podemos olvidarles y los seguimos queriendo :) me ha gustado mucho leer sobre Karim, Lobita; un placer ver sus fotitos y que hayas compartido con nosotros detallitos de su vida ^^

    pd: respecto a eso de tardar tres horas en ponerle algo... con Odie pasaba lo mismo, pero en venganza, se lo dejábamos puesto lo menos dos meses XDD

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  5. Yo fotos d emi perra no conservo por una simple razón: Cada vez que iba a sacar una, SIEMPRE se las arreglaba para lamer el objetivo. Incluso cuando ya perdió la vista. No se como s elas arreglaba la muy jodia. Era como Daredevil, pero en perra.

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