miércoles, 23 de septiembre de 2009

Morrria - Capítulo Segundo

En fin, retomemos la acción.

Los recuerdos de aquella mañana son demasiado difusos como para definirlos. De no ser por una agenda que sirvió de válvula de escape a las aburridas clases (y que guardo con mucho cariño) no recordaría siquiera que corría el año 2001. Eso sí, recuerdo claramente que faltaba una hora para el recreo –estaba contando los minutos- y que teníamos que soportar antes una clase de inglés. La profesora –una venerable dama de unos 60 veranos- nos contaba por quincuagésima vez lo mucho que quería a su difunta perrita Tiny y cómo la echaba de menos. Jesús. Al menos no era como la vez que nos confesó –ruborizándose como una grana- que Sean Connery estaba para hacerle un favor. Revelación que nos dejó los ojos como platos y la mente arruinada ante la imagen de la dama y Mr. Connery en flagrante delito. Arghs, siete años ya y aún quema…


Tadeo y Diosa estaban sentados juntos en segunda fila, yo justo detrás de Tadeo en la tercera. Entre su fila y la mía se encontraban todas nuestras maletas, y entre la puerta y Tadeo se sentaban unos tres o cuatro alumnos más, todos con sus maletas en el suelo. Al otro lado, mesas vacías. Para que lo entendamos mejor, un dibujo:



El Paint es tu amigo (pinchar para ver mejor).






Eran cerca de las 10:00, teníamos hambre y sueño a partes iguales y la profesora seguía con su Tiny. Me camuflé detrás de Tadeo lo mejor que pude, ya que este tenía –y tiene- la altura de una palmera y la anchura de un pelo de rana, y me puse a hacer algo. Dibujar en la agenda, hacer otros deberes, roncar… algo, mi no recordar. La profesora seguía hablando y hablando…

Entonces, ocurrió el despiporre.

(NOTA: El episodio de mañana saldrá por la noche, que vamos a tener un día movidito)

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