viernes, 25 de septiembre de 2009

Morrria - Capítulo Cuarto

Pasaba esto:
Por mis muertos que la imagen es más grande que el bicho en sí.

Una Familia Diaspidae. Una araña común.

Y se preguntarán: ¿cómo, en el nombre de todo lo que es bueno y puro, puede una simple arañita causar un maelstrom de mesas, mochilas y dignidades?

A continuación, los hechos relatados por Diosa, actriz principal de este drama digno de Shakespeare:

Diosa speaking.

“Cuándo habremos de encontrarnos otra vez, ¿con truenos, relámpagos, o al llover? Cuando acabe el barullo que ahora estalla, cuando unos pierdan y otros ganen la batalla.”

Nunca dejará de sorprenderme lo rápido que ocurrió todo y lo todavía más rápido que aparecieron todas las versiones de la historia, ni las peores marujas usando el sistema Windows (es decir, de ventana a ventana) hubieran podido salir con aquellas deformaciones del relato:

-que la araña se le había ido directa al ojo.

-que le había salido de la oreja

- que el pobre bicho se le había colado en el pantalón para acceder a su organismo de la forma más rápida (esta versión la llamaremos “araña kamikaze”).

-que la araña aterrizó en la cabeza de Tadeo e intentó sorberle el cerebro (de ser así la pobrecita ignoraba que estaba condenada a morir de hambre).

-que era en realidad la forma metamorfoseada del marcianito verde que se le aparecía a Pedro Picapiedra.

-que nunca pudo confesarle su amor.

-que intentó violarle (he aquí el sexo del que hablábamos)…

Y ahora que sé que tengo vuestra atención -la de los tres comentaristas habituales, si es que lo vuestro es puro vicio-, lamento, y mucho (joder, que con lo de la violación tenía tela para rato, hubiera dejado al modo mosca de Jeff Goldblum a la altura del betún) tener que echar por tierra todas vuestras fantasías e ilusiones, porque los hechos fueron muy diferentes…

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