Me gusta el fútbol. Siempre me ha gustado y nunca dejará de gustarme. Es un rato de diversión, algo con lo que charlar con los amigos y una válvula de escape a los pequeños problemas de la vida. Noventa minutos en los que te olvidas de todo y luego a otra cosa, mariposa.
El problema es cuando esos noventa minutos se convierten en semanas y meses para casi cincuenta millones de personas.
Hasta hace poco, yo era la primera que defendía al aficionado común. Al que sigue a su equipo sin meterse con nadie y sin agobiar al que no le interesa. Cada vez que alguien sacaba el tan manido "pan y circo", yo contestaba con un -también manido- "solo es ocio, como el cine, los videojuegos o la lectura". Pero cada día que pasa me cuesta más y más defender lo indefendible. Y es que cuando ves que tu país se va a la mierda, que nos roban y encima se ríen de nosotros, que nos arrebatan derechos como el que le quita un caramelo a un crío, y que aún así lo único que le importa a un gran sector de la sociedad es que España juegue con un falso nueve o con delantero, es hora de abrir los ojos y aceptar la verdad.
Ya no es ocio o diversión, sino un tremendo problema. El mismo problema que tiene un alcohólico que bebe para olvidar, en vez de enfrentarse a la realidad. Un buen puñado de españoles ha decidido que ojos que no ven, corazón que no siente. Y el Gobierno, encantado de la vida: pueden seguir hundiendo el país y llenándose los bolsillos, que hasta que no pase la Eurocopa, el Tour, Wimbledon, los Juegos Olímpicos, la Vuelta, etc. nadie se va a enterar de lo que ocurre. Y para entonces, habrá empezado la Liga.
Puedo sonar amargada, y parecerme mucho a esos mismos del "pan y circo" a los que mentaba antes, pero es que lo estoy viendo con mis propios ojos. No tiene que venir nadie a decirme lo alienada que está la población, ni cómo fuera de nuestras fronteras flipan con nosotros y nuestra aparente ignorancia de la que nos está cayendo. No, porque lo estoy viendo en mi propio entorno.
Estoy viendo cómo en el trabajo de mi padre van a despedir gente a mansalva y a rebajar el sueldo aún más, pero tres de los que van a despedir, con hijos e hipoteca, están planeando gastarse unos 2000€ cada uno para ir a ver la final del domingo en Kiev. También veo cómo mi vecino, en paro y con dos niñas pequeñas, se va a pulir cerca de 300€ en una barbacoa este domingo por el mismo motivo. Y un par de calles más arriba tenemos a una familia con aviso de desahucio, pero que no falte la bandera en el balcón ni dar vueltas por el barrio tocando el claxon del coche cada vez que marca la selección.
He visto cómo un grupo de gente concienciada se manifestaba por lo que creían justo para todos, pero solo recibían burlas e improperios por parte de los transeúntes, llamándoles "perroflautas", "hippies" y diciéndoles que "mejor se buscaran un trabajo". Esos mismos transeúntes luego destrozarían las calles de mi ciudad celebrando el pase de España a la final, pero a nadie le importó porque "un día es un día". El problema es que ya van mucho días así.
Y lo que más me duele y me confirma que la sociedad está muy enferma... He visto cómo el telediario de la cadena pública (la que pagamos todos) le dedicaba apenas cinco minutos a la reunión de Hollande y Merkel, crítica para el futuro de nuestro país, para luego gastarse tres cuartos de hora en la selección. Y no solo nadie se queja, sino que lo ven normal.
Sé que muchos aficionados -como Noe, como Katsu, como Kraken- son como yo, capaces de disfrutar un partido y ver
lo mal que están las cosas al mismo tiempo. Pero por desgracia somos un par de gotas en un mar que cree que si España gana el domingo, todo se habrá resuelto. Un mar tan lobotomizado, alelado y sumiso como el que se encontraron ciertos líderes europeos a pocos años de la WWII. Un mar que cree que aquellos que les avisan del peligro que corren son unos sosos, amargados y el verdadero enemigo al que combatir.
Y eso me da miedo.
Me gusta el fútbol. Si nada lo impide, este domingo veré la final. Pero perdónenme si no celebro la victoria española. Si ganan, que lo celebre por mí quien tenga fuerzas y alegría para ello, porque a mí ya no me queda nada de eso. Si pierden, me encogeré de hombros, apagaré el televisor y me dedicaré a otra cosa.
Como ya he dicho antes, el fútbol no es más que ocio. Y el ocio, en su dosis necesaria, divierte, relaja y anima, pero ni paga las facturas ni da de comer.

Lo diré asi: Mi señor padre esta cabreadisimo porque el bar donde suele ir a ver el futbol cierra ese dia precisamente por reformas 8algo de pintura). y en casa ver el futbol en la tele esta mas que prohibido... salvo en dias asi.
ResponderEliminarNo es tanto que s ehalla cionvertido en lo que tu dices. Lo peor es cuando los que saben como anda el patio porque ellos lo han jodido se aporovechan.
y atrevete a decir algo en contra... Como minimo te miran mañl, pero de mi llegaron a decir en su dia que era gay, que era extramnjero, retrsado mental... y lo pero es que lo decian en serio.
El problema es que el futbol esta TAN metido en la sociedad española que es casi imposible hacer que NO se le preste atencion. Claro, que digo yo, por soltar un topico, si estamos en crisis.... ¿de donde cojones salen las millonadas que se pafgan a los jugadores?
y perdona el tocho, pero es que hoy queria quwedarme a gusto.
tu duisfruta del partido. tal como estan las cosas, de aqui a una guerra no falta mucho, me temo
En este país al menos, el futbol parece haberse hecho con el título de "Opio del Pueblo", porque es la única forma de explicar que el (mi) ayuntamiento se gaste una pasta para una cutre-pantalla gigante en una de las principales plazas de la ciudad.
ResponderEliminarAún más cuando la mayoría de la gente se limitó a verlo en sus casas o en los bares (por aquello del abrigo, las tapas y el bebercio, ya habría tiempo después para hacer el cabra en las plazas de turno).
Vamos, otro para la lista de gastos inútiles.
Al menos el partido fue más disfrutable que otros, una distracción breve y agradable de toda la mierda que nos rodea últimamente si consigues mantenerte al margen de todo el circo montado alrededor.