Zona comercial de la ciudad, una tarde de invierno [1]. Visitando una tienda de juguetes, mis ojos se posan en lo más bonito que he visto en mucho tiempo:
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| Esss mííííío, mi tessoroooo... |
Como podrán atestiguar mis acompañantes, en ese momento se me puso una cara digna de un crío la víspera de Navidad. Eso, y de padre al que le tiene que llegar el extracto con lo que se ha gastado en el crío. Porque si hay algo en este mundo que no se me da bien son las manualidades.
Ya lo decían mis profesores a la tierna edad de parvulitos: "es que le cuesta un poco", que en realidad era un eufemismo para "es capaz de degollarse con una goma". Lo reconozco, era torpe. Pero no torpe de "ups, me he cortado un dedo", sino torpe de "Profe, he estornudado mientras cosía y... no me la puedo sacar de la nariz". Una auténtica catástrofe humana. De hecho, creo que sigo manteniendo el récord de Asistencia a la Enfermería en un Año de ese colegio: mínimo dos veces por semana. No, tristemente no es coña.
Durante muchos años, mi única misión en la clase de dibujo/artes manuales fue la de llevar los materiales a la mesa del profesor y esperar a que me llamara para recoger el resultado. Un tanto humillante, oiga. Y no, no era sólo con aquello que pudiera pinchar o cortar: el miedo de mis profesores a que me pudiera hacer daño llegó a rozar la paranoia.
¿Que había que hacer un muñeco de nieve con arcilla? Trae, que te la puedes restregar en los ojos.
¿Que había que bordar el escudo del Barça en petit point? Trae, que te vas a quedar sin dedos/ojos.
¿Que había que usar cola para pegar madera? Trae, que la puedes respirar y ahogarte.
¿Que había que hacer un grabado en cuero? ¡¡¡NI SE TE OCURRA TOCAR EL PUNZÓN!!!
Y vuelvo a decir que, tristemente, no es coña. Por mucho que intentaran protegerme, tres de las cuatro cosas que menciono arriba acabaron ocurriendo. Resultado: un desmayo por inhalación de cola, tiritas y algodón en nueve dedos [2] y un punzón que esquívó por muy poco la arteria radial. Eso acaba pasando factura a la autoestima, ya de por sí tan tocada gracias a los cabrit... compañeros de clase.
No fue hasta los 12 años que me permitieron hacer una manualidad por mí misma, y porque insistí hasta las lágrimas. No podía soportar que todo el mundo menos yo fuera capaz de recortar un papel sin jugarse la vida. Cedieron, pero casi obligan a mis padres a firmar un documento de exención de responsabilidad: si se atraganta con las grapas, la culpa no es nuestra. Que el Dios de los niños y los locos la proteja, pensaría mi profe de religión.
Al final, tras muchos sufrimientos y sudores, logré terminar sin ninguna ayuda un farolillo chino. Salió feísimo, tardé tres días más que el resto y tuve papel cebolla rojo metido en las orejas durante una semana, pero lo hice. Un hito de juventud que me hizo ganar un +20 de Carisma. Seguí igual de torpe y desastrosa que siempre, pero al menos eran mi torpeza y mi desastre. Si me hacía daño, era mi problema y yo lo arreglaría, leñe.
Excepto en clase de Tecnología. Estuve un día. Un día. No me pregunten el por qué, pero les aseguro una cosa: el que me puso una sierra eléctrica en las manos tiene tanta culpa como yo.
Vale, seamos sinceros: todo este parloteo y recuerdos reprimidos de infancia han sido una excusa para enseñarles mi Opus Magna.
Tres horas y media peleándome con las piezas, pero lo terminé. Ahora ocupa un lugar de honor entre mis cachivaches, como recuerdo de que YES, I CAN. Chúpate esa, coyote esp... digooo, profe de manualidades. Acabado, pulido y niquelado, y sin daños colaterales.
Vaaaale, miento. Casi cometo seppuku abriendo la caja: la tenía apoyada contra mi tripa mientras cortaba el plástico con un cuchillo jamonero. Pero estoy bien.
[1] ¿Invierno? ¿Qué invierno? ¡Esto no es invierno ni es nada! ¡Que me devuelvan el dinero!
[2] Me quedó sano el meñique de la mano derecha, más que nada porque era el que se quedaba lejos de la acción mientras cosía. Piensen en un gentleman tomando café.
[1] ¿Invierno? ¿Qué invierno? ¡Esto no es invierno ni es nada! ¡Que me devuelvan el dinero!
[2] Me quedó sano el meñique de la mano derecha, más que nada porque era el que se quedaba lejos de la acción mientras cosía. Piensen en un gentleman tomando café.



Aw,pero que historia más tierna. Y sangrienta. Pues enhorabuena oye.
ResponderEliminarPor cierto, sobre cuchillos jamoneros,servidor estuvo apunto de perder el pulgar izquierdo cortando un serrano, justamente. Aquello sangraba de tal manera que parecia una barra libre de vampiros.
Y sobre tu Magnus Opum, solo una cosa: God save the Queen!
Eso si,por deformacion nacional me faltan Mortadelo y Filemon traumando a un militar en un caza de combate XDD
No, en serio,está maja la figura ^^ ¡Queremos más!
Tranqui cielo, si hablas con la reina de las moratones, raro es que no me de contra algo o que no tire algo sin querer, etc, etc; y así desde pequeña. Mañosa sí, pero soy del tipo "EEEH MIRA LO QUE HE HECHO" mientras corro a mostrarlo-traer a alguien a que lo vea y por el camino me descogorcio toda XP
ResponderEliminarPero tía, EPIC WIN te ha quedado increible :D
Por aqui somos testigos de tu emocion incontrolada al ver la caja del puzzle en dicha jugueteria XD
ResponderEliminarY me has recordado mi periplo con el lino grabado. Cuando la profesora decía "no pongan el dedo DELANTE", lo decía por algo. Note un CHAK, me reí, porque no dolió, solo noté que me rozaba... luego vi la sangre caer desde el dedo hasta el brazo y el "María, tengo que ir al baño" XDDD
ResponderEliminarYo era (y soy) torpérrimo en cualquier cosa que requiriera habilidades manuales (mi profa de la academia de mecanografía encaneció conmigo, y eso que era joven). Historial de lesiones no tengo, porque mi instinto de autoconservación siempre ha sido grande.
ResponderEliminarPor otra parte, el puzzle mola mil. Eres un hacha.