Por entonces -como ya he contado- era una criaja flaca y larguirucha, llevaba el pelo hasta la cintura recogido con un coletero rosa fucsia y escuchaba los cassettes de los BackStreet Boys. Ahora... bueno, ahora escucho a Blind Guardian en mi móvil. Y sigo siendo larguirucha. Algún día tendré que comentar a fondo y en detalle esa evolución, porque tuvo su gracia.
Lo prometido es deuda.
Como diría el Capitán Jack Harkness, "el siglo XXI es cuando todo cambia". Corría el año 2000 cuando esta humilde Canis Lupus (it's not lupus!) empezaba el Bachillerato. Hasta ese momento, la experiencia escolar sufrida por la autora había sido... sufrida, para qué extenderse más. Doce años de colegio y dos de instituto sobreviviendo a lo que hoy en día se conoce como bullying -en inglés, que es más políticamente correcto- y que en mis tiempos se conocía como "cosas de niños". Joder, qué niños más hijos de p...
La verdad sea dicha, se lo ponía a huevo a los matones. Era el perfecto estereotipo de la empollona con problemas de socialización: flaca, larguiricha, una mata de pelo indomable, ortodoncia, gafas de culo de botella, torpe, tímida, hipersensible, sobreprotegida por sus padres y con una media de 8,9 en todas las asignaturas. Una mezcla entre Hermione Granger, Martin Prince, Betty la Fea y Steve Urkel. Una diana con patas, vamos. Por entonces, comparado conmigo, Sheldon Cooper parecía un cani.
Para intentar encajar (de otra forma que no fuera a golpes) en el ecosistema educativo, la pobre Lobita intentaba copiar todo lo que hacían sus torturadores/as: estilo de vestir -difícil cuando vas a un colegio con uniforme-, forma de hablar -complicado cuando la ortodoncia te hace decir cosas como "zafiroz"-, pasotismo estudiantil -y aún así sacaba notable, no tengo remedio- y cultura general. Y como en aquella época molaban los BackStreet Boys, no hubo mayor fan de esa gente que moi. Por *ejem* supervivencia.
No escuchaba otra música que la de los cinco muchachotes americanos. Tenía sus cassettes (y mis primeros CDs), las revistas, los posters, los cromos, las camisetas... Ahora miro hacía atrás y contemplo -con súbito horror- que no estaba muy lejos en la cadena evolutiva de las Crepusculonas de hoy en día. Todos tenemos un pasado que ocultar, qué gran verdad. ¿Funcionó a la hora de mezclarse con la plebe? Qué va. La pasión que puse en estos chavalines fue tan grande que me acabé convirti... no, perdón, ya lo era... que me hice una diana más grande para los abusones: si querían verme llorar, ya sólo tenían que meterse con alguno de los BSB para que me convirtiera en una boca de riego. Ains, qué chungo es tener la piel tan fina...
En fin, pasaron los años de colegio y llegó el instituto. Y con él, el Horror. Aquí ya daba igual lo que hiciera: fumar, beber, vestirme como las hembras alfa, pasar de estudiar, quitarme la ortodoncia y ponerme lentillas... En cuanto abría la boca se me notaba el ramalazo empollón y se activaba el Mode Destroyer del Poligonerus Vulgaris. Ya no era una simple diana: era la jodida Hiroshima. Por entonces intentaba pasar desapercibida con chandals tres tallas más grandes, coletita fucsia y escondida tras los auriculares de mi discman. Ese que me rompieron/robaron/aniquilaron tantas veces como lo hicieron con la cartera, el estuche de los lápices y el agua de las lentillas. Hijos de mil padres.
Se estarán preguntando: Loba, ¿cuándo leches vas a dejar tu faceta Emo atrás y nos vas a contar cómo te convertiste en lo que eres ahora? Paciencia, pequeños padawans, que ya llega el Momento.
El Momento llegó, como comentábamos seis párrafos lloricas más arriba, en el año 2000. Comenzaba el bachillerato, y la que escribe dudaba -dado el historial de años atrás- de si debía llevar a clase un casco de quarterback o directamente construírme una habitación del pánico sobre mi pupitre. Pero no. Pasaron las semanas y nadie me había humillado/amenazado/torturado todavía. Animalico de costumbres que es una, no sabía cómo reaccionar: si acercándome a la gente poco a poco y con cautela (como las ardillas a las que se les da de comer en los parques) o preparándome para una hostia mayor en ciernes. Nunca volvió a haber tanta confusión en una cabeza hasta que a Quagmire le dijeron que Tyler Hanson era un tío.
Y de repente, un día, pasó.
Deus Ex Machina.
O lo que es lo mismo, que Diosa se cruzó en mi camino.
Una mañana, Lobita terminaba sus deberes en su pupitre a la espera de que empezaran las clases. De repente, un trueno retumbó en el aula y Diosa se materializó cual Thor por su casa (o al menos yo lo recuerdo así). En aquel momento no lo sabía, pero llevaba puesto el Slippery When Wet de Bon Jovi a toda leche en sus orejas, y cuando Diosa escucha algo, TODOS lo escuchamos también. Asombrada por la resistencia divina de su oído interno, Loba solicitó audiencia de forma correcta y protocolaria:
- ¡¡¡NO SE OYE!!!- ¿¿¿QUÉ???- ¡¡¡QUE NO SE OYE!!!- ¿¿¿QUÉ???- ¡¡¡QUE NO SE OYE, COHONE!!!- ¡¡¡AH!!! *risas*
Nunca sabremos por qué Diosa decidió perdonarme la vida. ¿Misericordia divina? ¿La típica y miltoniana ansia de los Dioses por tener seguidores? ¿Que llevaba una camiseta de Pantera y las manchas de sangre son jodidillas de quitar? Qui lo sa. Lo único cierto es que a partir de ese momento, fuimos inseparables.
Y así, como dirían los Cybermen, Lobita will be upgraded.
Diosa tiene un poder divino de la muert... un poder divino, yastá. Ella no necesita convencerte de algo: simplemente se pone a tu lado y acabas convencido. Nunca, jamás en el tiempo que estuvimos en el instituto me dijo "escucha esto que te va a gustar" o "ponte esta ropa que mola" ni nada por el estilo. Ella sólo estuvo allí. El sólo hecho de tenerla sentada a mi lado durante dos años (más cinco de carrera, más uno de máster) fue suficiente para que sus ondas cerebrales actuaran en mi maltrecha mente, borrando todo rastro de música pop, ropa rosa, coletitas y revista BRAVO y sustituyéndolos por metal, ropa negra, pelo corto y libros de la Dragonlance. El último reducto de la antigua Loba que quedaba en mí murió el día que me llevó a ver una película sobre enanos, elfos, un anillo y un grupo de gente que había perdido el tren y tenía que ir andando hasta Rassilon-sabrá-dónde. Sus primeras palabras tras comprobar que me había pasado las tres horas de peli en completo silencio (mi récord hasta el momento) fueron: "he creado un monstruo". Y tanto, hija mía.
Repito, ella no hizo nada: sólo estuvo allí.
Un momento que recordamos con guasa tuvo lugar al poco de comenzar el upgrading. 7:30 AM. Iba hacia el instituto vestida aún con los ropajes de la antigua Loba: chandal tres tallas más grande, coleta fuscia y el discman en las orejas. Eso sí, para entonces los Chicos del Callejón de Atrás (nunca me había fijado en lo raro que suena el nombre) habían dejado paso a otros grupos en mi lista de reproducción. Concretamente, en este caso, a The Offspring. Cambiando Florida por la Costa Oeste, toma transición suave y por etapas.
Iba, decíamos, al instituto con el CD Conspiracy of One tronando cosa fina cuando alguien me tocó en el hombro. Me giré y una chica me señaló hacia la acera de enfrente. Allí estaba Diosa con otros dos compañeros gritándome y haciendo aspavientos. A esa hora tardé un rato en darme cuenta de que si no les entendía era porque tenía a Dexter Holland declamando directamente a mi oído interno. Cuando por fin me destaponé una oreja, aconteció este corto diálogo:
- (Loba se encoge de hombros interrogativamente)- ¡¡¡NO HAY CLASES!!!- (Loba se encoge de hombros aceptando el hecho. Auricular a la oreja, media vuelta y p'a casita)
Ni pregunté el porqué ni si era verdad. Eso, la empollona y asustada Loba de antes, no lo hubiera hecho. Me estaba pasotizando. Y molaba.
En fin, que para cuando entré en la universidad ya me iba todo el rollo Fantasía/Metal/Cómics/Sci-Fi. Un año más tarde me cortaba el pelo y lo quemaba en honor a los Dioses (no, se quedó en el suelo de la peluquería, ¿pero a que hubiera molado?), y al otro ya era capaz de reconocer a mis semejantes de un sólo vistazo cual miembro de una Logia masónica. Y eso Noe lo sabe bien.
Todo porque Diosa estuvo allí.
¿Personalidad magnética? Eso lo tiene el núcleo terrestre. Lo de esta mujer es mayor.

Interesante historia. lo del puteo a mala ostia (yo es que soy de más de monte que los boñigos de oso) servidor tambien lo ha vivido. Aunque servidor lo superó repartiendo de esasque dan los curas. Lo cual me valió (y no bromeo aqui) fama de loco peligroso.
ResponderEliminarPero volviendo a ti, veo que la iniciación fue agradable. Espero conocerte en persona pronto.Porque entinces, ñiej ñiej ñiej... vas a saber lo que es entrar en el Dojo Conejo Blanco.
No tardarás ni 10 minutos en hacer una henshin pose molona y como está mandado ;)
Y a diosa se ve que hay que hacerla un monumento ;)
Fascinante historia, si señor... aunque me niego a creer eso de tu out-nerding de Sheldon Cooper. Imposible que alguien haga parecer a Sheldon un cani por comparación, contradice toda ley de la Plausibilidad Narrativa Universal xDD
ResponderEliminarPor lo que leo años duros tuviste que aguantar, pero nada que una buena amistad no haya podido hacer valer la pena.
Yo siempre doy gracias de la suerte que tuve: mocoso flacucho con gafas muy aficcionado a la lectura (gracias a mis padres) y a los comics (gracias a mis primos) que tuvo la suerte de ser bueno en estudios pero sin destacar (librándome de la calificación de empollón) y de encontrar desde muy temprano a gente de gustos afines. De libros de Barco de Vapor pasé de forma brutal y sin frenos al mismisimo Tolkien a los 6 años, de comics de Mortadelo y Astérix salté a aquellos comics de mis primos que ponían "Forum" y tenían a un tipo de rojo y azul con una araña en el pecho, o a aquellos de "Zinco" con un señor vestido de murciélago que ya había visto en la tele, pero que lucía mucho mejor y menos fondón dibujado... y el resto es historia.
Nunca tuve un momento de 'metamorfosis' o digievolucion, nunca me ha hecho falta. Parte de mis gustos han cambiado de forma progresiva, otros siguen igual y otros solo el tiempo dirá en que estaré interesado de aquí a diez años. Solo queda seguir adelante, subir de nivel y a ver si se consigue de uan vez una espada matadragones con bonificación de +5 en críticos de perforación, que me hace ilu.
desde luego parece que no solo los "empollones", sino los frikis ya estamos marcados desde pequeños, yo aún no he conocido a ningun@ de los nuestros que no las pasara así de p**as de niños (desgraciadamente me incluyo...)
ResponderEliminarlo bueno es que luego somos mucho mejores personas que ellos y no digievolucionamos en "ma-mon" XP ahí queda eso
XDDD Digipunto para ti Zanthia ;)
ResponderEliminar"Ma-Mon" xDDDDDDDD epic win, Zanthia
ResponderEliminarXXDD Zanthia, me acabas de recordar el día que me quedé dormida viendo Digimon con mi primo. No se qué escuché en medio del sueño, que me desperté y le pregunté al crío: "Nene, ¿¿¿cuál de esos han dicho que es Somamón???".
ResponderEliminarMmmm... Mamón digievoluciona en Somamón, que digievoluciona en Gilimamón... más ideas?
ResponderEliminarHai! Mamon armodigievoluciona en Bakamon de la Estpudez Congénita.
ResponderEliminarY si no sabeis que es una armodigievolucion, me veis de inmediato Digimon 02!