miércoles, 19 de mayo de 2010

Por qué Yo - El Gimnasio

Algunos de ustedes ya sabrán que llevo tres semanas yendo al gimnasio. También recordarán que casi muero el primer día porque me metí de cabeza en clase de aerobic tras dos-tres años de inactividad absoluta. Tranquilos que no lo he vuelto a hacer, para desgracia de mi traumatólogo. Me he centrado en las máquinas y parece que la cosa va bien. Sólo me duele el cuerpo, el alma se mantiene en su sitio.

Eso sí, en tres semanas he visto/oído taaaaaaaaaantas cosas que sólo podía pensar en una cosa: "esto va de cabeza al blog". Señoras con subidón de adrenalina. Intentos de seducción frustrados. Desgracias ajenas que hacen gracia. De todo. A continuación y en Technicolor.

Nada más empezar he de comentar el horario: me tengo que levantar con el gallo que canta al fondo del barranco, ya que si llego al gimnasio después de las 9 AM lo único que podré ejercitar será el cuello... y eso gracias a tener vigiladas todas las máquinas a ver cuál se despeja antes. Santísimo Cristo de la Coña, todas las marujas, jubilados y parados (entre ellos yo) de la ciudad están en ese gimnasio. Todos ellos en un espacio de unos 50-60 m² con la música del Caribe Mix sonando a tope. Tengo la jodida canción esa del "one, two, three, four, uno, dos, tres, cuatro" clavada en el hipocampo y un día de estos saldrá mi madre en España Directo diciendo: "no lo entiendo, era una niña muy buena, nunca antes había protagonizado una masacre genocida como esta... *snif*", pero aparte de todo esto lo llevo más o menos bien.

Eso sí, a pesar de pertenecer a tan selecto grupo al principio se me consideraba escoria por ser nueva, joven y mujer: ahí, si no eres un machote de pelo en pecho, una señora de venerable edad o un abuelete al que se le va la mirada más de lo que debiera -ya hablaremos- no tienes derecho ni siquiera a mirar las máquinas. Eso cambió el día que mostré algo de carácter ante uno de los Machos Alfa, pero sigamos con el orden cronológico...

Llego al gimnasio casi amaneciendo, justo cuando los operarios de Parques y Jardines deciden encender los aspersores del parque. Aspersores que se encuentran peligrosamente cerca del camino que tomo todos los días, y encima lo que menos riegan es el césped. La primera remojada me hizo hasta gracia porque me despertó, pero tras tres regadas consecutivas estoy empezando a sospechar que algún operario pervertido tiene un fetiche con chicas en chándal mojadas. Aún no lo he localizado, pero ay del él cuando lo coja... Y si a esto le sumamos que el que construyó el parque era medio sordo y entendió que los suelos debían ser deslizantes -sin el "anti" delante-, pues que ya llego más que tensa al gimnasio. Genial, me he ahorrado los estiramientos.

Llegamos al recinto, y aquí es donde empieza lo bueno: el gimnasio tiene su propia Fauna y me he topado/comunicado/peleado con casi todas ellas. Algunas son pacíficas. Otras carnívoras. El resto, simplemente idiotas. A continuación, un extenso documental sobre sus costumbres, métodos de caza y estilo de cortejo.



Lo que te dejaste de grabar, Félix...

De un vistazo nos encontramos con:

  • El chuloplaya: Macho Alfa donde los haya, tiene músculos hasta en los cordones de las bermudas. Existe una variedad más flaca/fibrosa, siendo identificada fácilmente por el tostado playero cancerígeno del que es orgulloso poseedor. Lleva en el gimnasio desde que abrió -de hecho, su número de socio es el 0001- y mira por encima del hombro a todo aquél que no sea capaz de levantar una pesa de 30 kg. con un sólo brazo, aunque sea un octogenario con cadera de plástico. Es capaz de causarse una tendinitis crónica necrosante (vamos, perder un brazo) con tal de demostrar a una mujer que puede levantar una pesa del tamaño de un coche pequeño como el que lee el periódico. En realidad tiene menos autoestima que Calimero en su etapa Emo y es fácilmente desarmable.
La Moviola: prensa de piernas, una de las máquinas más deseadas del gimnasio. Sólo hay una y todos la quieren para sí. Y no vean cómo se deja querer, la muy zorra. Algunos recurren a técnicas de despiste para quedarse en ella más tiempo del permitido (10 minutos) como agotar el tiempo, levantarse sin retirar la toalla -símbolo de posesión en el mundo del chuloplaya- caminar un rato y volver a ella. En este caso observamos a un chuloplaya del tipo flaco tostado. Lleva más de media hora acaparando la máquina y somos unas 4-5 personas las que le estamos mirando muy malamente. En esto se levanta, se seca el sudor, se pone la toalla alrededor del cuello -todo esto en un vano intento por  parecer sexy- y viene hacia mí. Se planta delante de la que escribe en pose "sí, sé que estoy buenísimo y que me deseas" y suelta esta frase... por favor, intenten imaginarse la frase sonando en canario poligonero que si no, no se entiende: 

Mira piba, que veo que llevas un rato mirándome y... nusé, que tal y cual, pim pam.
Digna de Valleinclán, hoygan. Y con la sonrisita a medio lado como si me estuviera haciendo un favor. Ay madre. Ay madre. Que me conozco y sé las burradas que puedo llegar a soltar en estos casos. Respira hondo, relájate, piensa en cosas bonitas... gatitos, bebés mofletones, poligoneros muertos... mierda, la cagamos.

Te estoy mirando a ver si sueltas la puta máquina de una vez, gilipollas.
Las palabras, perfectamente escogidas. El tono, exacto: una sutil mezcla entre taxista con un mal día y guardia civil con pagas atrasadas. El volumen, lo suficientemente alto como para que me oyeran en toda la sala de fitness, la de aeróbic y la piscina que está un par de pisos por encima. El resultado, el esperado: un chuloplayas con cara de (más) tonto que recoge su toalla y se va sin mirar atrás, herido en su orgullo y con -30 de Hombría. Ahora nos cruzamos todos los días y jamás he visto a nadie palidecer y cambiar de dirección en menos espacio que él, que sólo necesita un baldosín. Quizás se me fue la mano y todo.

  • El Cosica: todo lo contrario que el anterior. Varón de entre 18-30 años -siempre con gafas de pasta negra y chivita a lo Buenafuente- que aún no ha perdido la esperanza no ya de mantener relaciones sexuales completas con una mujer de carne y hueso, sino simplemente de que alguna lo mire, por lo que intenta coger algo de músculo (concretamente: uno) a ver si hay suerte. Y la verdad, no entiende el porqué de su soltería, que su mamá le repite a diario que es el niño más bonito de la ciudad. Suele pesar menos que las pesas que intenta levantar. Se le reconoce la moral y el valor que le echa, pero como se encapriche puede ponerse muy cargante.
La Moviola: reproduzco conversación exacta.

Situación: estoy levantando pesas de 5 kg. Llega el Cosica y se pone a mi lado a hacer lo mismo.

Cosica: ¡Hola!
Yo: Hola.
C.: ¿Vienes mucho por aquí?
Y.: Sí, un par de veces por semana…
C.: ¿Estudias o trabajas?
Y.: Ahora mismo, ninguna de las dos cosas.
C.: Aaaah…
[Silencio]
C.: ¿Eres extranjera?
Y.: ¿Yo? No. ¿Por qué, porque soy muy pálida?
C.: No, porque pensé que no me entendías y por eso no hablabas mucho.
Y.: [WTFface] Eeerm… estoy con las pesas, haciendo un esfuerzo… casi no puedo respirar, menos hablar…
C.: Aaaah…
[Silencio]
C.: ¿Entonces eres lesbiana?
Bum. Ese es el ruido que hace una pesa de 5 kg. al caer cerca de los pies de un tipo cualquiera. Hubiera matado por ver mi cara en esos momentos. Probablemente, la cara me hubiera matado cual Medusa petrificante. Al menos el chico supo cuándo retirarse a tiempo: un pasito p'atrás, otro, otro, otro... ahora date la vuelta y corre por tu vida. Juro que no me importaba tener conversación, pero entre el esfuerzo y lo expuesto arriba no me dio muchas alternativas.

  • El Cuarentón en Crisis: cuarenta y tantos tacos, barriga cervecera y probablemente en proceso de divorcio. Suele venir vestido con la camiseta de su equipo, bermudas cortas a no-juego y calcetines de ejecutivo. Cree que aún lo vale, que sólo necesita ponerse un poco a punto y ya podrá lanzarse a la conquista de veinteañeras. El problema es que la última vez que pisó un gimnasio fue en las gónadas de su padre cuando este hizo la mili en Melilla.
La Moviola: prensa de piernas de nuevo, la muy lagarta. Otro rato largo esperando a que -en este caso- la chica que la estaba usando terminara. Acaba y me hace un gesto para que tome posesión del puesto Sí, por fin... pues no: llega el Cuarentón a empujones y coloca su toalla en la máquina importándole un cojón de pato viudo quién estuviera antes o despúes. La cagaste, hermano. Me coloco justo delante de él, apoyada en la máquina, para que tuviera una excelente visión del inmenso cabreo que me embargaba. Le da igual y comienza su rutina: se pone 120 kg. (toooma ya, ni McBain), se sitúa en posición y empieza a pujar. Uno, dos, tres, cuatro, cincAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARGH!!!

Al principio me dolió verlo. Debió desgarrarse algo de importancia porque los aullidos eran dignos de una matanza de cerdos. Se quedó en la máquina con las piernas abiertas agarrándose las rodillas, rojo como la grana y sudando a chorros mientras respiraba entrecortadamente. En esta posición. La japuta que hay en mí tomó el control de la situación y no pudo resistirse a soltar una coñita:

¡¡¡Vamos mujer, empuja, que ya se le ve la cabeza!!!
Sí, soy una zorra. El gimnasio me ha hecho así. Al final el pobre se levantó como pudo, retiró las pesas -algo que pocos hacen- y me cedió el puesto tras un "perdona, tú estabas antes". Cuarentón pero señor, más vale tarde que nunca.

  • La Señora: santamaríamadrededios... como diría Gandalf, este rival nos supera a todos. No hay nada que hacer contra ella. Nada. Llega con sus cincuentaytantos, su pelo reteñido, maquillaje Made in Homer Simpson, mallas naranjas y camiseta del supermercado y sabes que debes cederle el puesto por tu bien y el de tus descendientes. Se pelean con cualquiera, les da igual tamaño del bíceps o puesto en la jerarquía de la sala. ¿Que hay que apuntarse en una lista para subirse a la cinta por turnos? Por Belén Esteban que esta que está aquí se sube cuando le sale del co**. ¿Que son diez minutos por aparato? ¡Con lo bien que estoy sentada en esta bicicleta, voy a levantarme ahora! ¡JA! Señora, no se quede charlando en medio de la zona de estiramientos, que molesta... ¿¿¿MOLESTAR YO??? ¿Pero tú quién te crees que eres para decirme eso? (dicho al preparador físico encargado de la sala)...
La Moviola: no hay huevos. Conozco mis límites y sé que enfrentarme a una de estas damas sería mi muerte en modo Fatality! En estos casos, una retirada a tiempo es una victoria.

  • El Abuelo: de sesenta para arriba, puede tener cualquier forma, tamaño y orientación política, pero hay algo que no falla: te va a mirar el culo. Sin pudor, sin disimulo, sin vergüenza. Y no te sacan una foto con el móvil porque no dejan entrarlos a la sala. Son hasta entrañables, siempre y cuando se mantengan sólo en lo de mirar.
La Moviola:  lo han adivinado: el que intentó pasar de la contemplación a la tentación, primera acepción del verbo tentar. La verdad que hasta gracia me hizo, porque ni lo intentó esconder. Se tumbó a mi lado en la zona de estiramientos donde estaba haciendo flexiones y al poco ya tenía la mano puesta para que, cuando me diera la vuelta, mi dulce cú se quedara justo encima de ella. Caballero, una ha lidiado en plazas más complicadas que estas y ya tiene experiencia. Una miradita de advertencia suele hacerles replantear su estrategia y este caso no fue excepción. Sonrisita pícara del yayo, "que tenga un buen día, señorita" y a buscar otra. Retroceder, a veces. Rendirse, jamás. Me quito el sombrero ante ellos.

Después se preguntan por qué voy al gimnasio a matarme de cansancio... ¡si me lo paso pipa! Todos los días hay batallas que lidiar, enemigos a los que vencer y prensas de piernas que conquistar. Es como vivir en un manual de rol o de Magic: todos los días gano en Fuerza, Destreza y Constitución, y no vean el subidón de Carisma que me da.

Hasta que me sacan la carta de La Señora. -10 de Carisma y tirada para saber si salgo con algún punto de vida. En serio, dan miedo.

S-s-sólo le dije que se había sentado sobre mi toalla... *snif*

10 comentarios:

  1. O.O hija mia, y yo planeando apuntarme al gimnasio de mi pueblo; lo que me estoy perdiendooooooo

    tu sales, y a la señora es fácil anularla; enseñale una revista del corazón tipo Hola!, se entretiene leyéndola y se queda KO

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  2. Jodeeer. ¿de verdad te paso eso con el cosica? Es que, llamadme ingenuo, inocente o lo quequerais, pero me resulta increible que aun haya gente "asin" en el mundo. Hija, es que porlo quedices ni siquiera estaba bueno.

    Algun dia os contare lo del gay que me metiomano y lo que hice despues. Si me ocurre hoy en dia acabo en la carcel fijo.

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  3. Gensanta, y yo planteándome si me apuntaba al gimnasio... creo que lo dejaré en andar, que es más económico.

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  4. JAJAJAJA XD Doy fe, cuando me lo contaste casi reviento.

    La fauna humana es impresionante, no se de que me sorprendo cuando oigo tonterias por ahi

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  5. Hoy casi me estallo de la risa: un ejemplar hiperhormonado de chuloplaya intentando ligar con otra chica mientras se secaba el sudor con una toalla de Pocoyó... XXXDDD

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  6. JUAAAAAJAJAJAJAAAA

    ese es de los que dicen "no encontrarás a ninguno tan maduro como yo" XD

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  7. Ay, qué recuerdos de cuando era algo más un figurín y menos la hermanastra mala del muñeco michelín... La prensa de piernas era practicamente la máquina menos usada en mi gimnasio... tras un par de semanas de coincidir con un grupo de marujinas, no se les vio más el pelo y sólo quedábamos el señor flaco superfibroso con bigote por montera... y el... cómo lo llamaste tú? El cuadrado flaco con el moreno canceroso, no? XD Pues eso, pero en su versión callaico que estás más mono (sobretodo cuando el tipo del bigote con el doble de edad levanta también el doble de peso); pos estos dos, el monitor (Ese Paauuul!) y yo éramos los únicos en usar las máquinas, así que como ellos estaban enganchados en las pesas... las demás eran pa mí! XD Y agüita que yo levantaba 140 kilos con la prensa esa y como si nada... aay, qué tiempos aquellos! XD

    P.D. Jajajaja para ver a ese de la toalla de Pocoyó y la cara de la chica XDDD

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  8. Loba, laproxima vez queremos fotos del Pocoyo Musculado

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