Regreso de una escapada a la zona turística de esta nuestra isla. Calor. Turistas abueletes. Gatos. Muchos gatos. De hecho, algo así:

Una explosión demográfica gatuna. ¿Con qué propósito? ¿Conquistar el mundo? ¿Hacerse con el control de los bungalows? ¿Extinguir al perro para siempre? Es mejor que nos preparemos para lo peor... como, por ejemplo, que empiecen a tomarse confianzas desmedidas.
Explico.
Miércoles 8:30 AM. Cómo no, me toca dormir en el sofá. El que haya dormido más de una semana en un sofá sabrá cómo se quejan las vértebras, pero esa es otra historia. Alguien -padre, madre, Pedro Picapiedra... yo dormía y ni me enteraba- abre la puerta de la calle para que entre fresco.
Lo que entró fue otra cosa.
Sigo en el sofá roncando boca abajo, y de repente escucho el sonido más aterrador que jamás haya escuchado ser humano alguno.
Miau.
Lo ignoro y sigo durmiendo. Será en la calle, pienso.
Miau.
No, suena muy cerca. Abro los ojos. A menos de 2 cm de mi cara, unos enormes ojos verdes me miran con curiosidad.
Una gatita negra. Miau, insiste. Pasada la sorpresa (y el instinto de saltar hacia atrás y perder los ojos de un zarpazo) estiro la mano y la acaricio. Mi mano continúa en su sitio tras unos minutos, por lo que supongo que es mansa. Y aquí viene la confianza: se sube al sofá y a mi espalda. Toma ya. Se hace un ovillito y empieza a ronronear...
Total, la dejé ahí. Estaba calentita y con el ronroneo parecía que tenía encima un aparato de masaje. Al rato se aburrió y se fue por donde había venido.
Está confirmado, señores: están ahí, y traman algo. No sólo han dejado de sentir miedo hacia el hombre, sino que planean esclavizarnos a lo Planeta de los Felinos.
Solo que esta vez, nos convertirán en sus sofás.
Chan-chan-chaaaaaaan...

Una explosión demográfica gatuna. ¿Con qué propósito? ¿Conquistar el mundo? ¿Hacerse con el control de los bungalows? ¿Extinguir al perro para siempre? Es mejor que nos preparemos para lo peor... como, por ejemplo, que empiecen a tomarse confianzas desmedidas.
Explico.
Miércoles 8:30 AM. Cómo no, me toca dormir en el sofá. El que haya dormido más de una semana en un sofá sabrá cómo se quejan las vértebras, pero esa es otra historia. Alguien -padre, madre, Pedro Picapiedra... yo dormía y ni me enteraba- abre la puerta de la calle para que entre fresco.
Lo que entró fue otra cosa.
Sigo en el sofá roncando boca abajo, y de repente escucho el sonido más aterrador que jamás haya escuchado ser humano alguno.
Miau.
Lo ignoro y sigo durmiendo. Será en la calle, pienso.
Miau.
No, suena muy cerca. Abro los ojos. A menos de 2 cm de mi cara, unos enormes ojos verdes me miran con curiosidad.
Una gatita negra. Miau, insiste. Pasada la sorpresa (y el instinto de saltar hacia atrás y perder los ojos de un zarpazo) estiro la mano y la acaricio. Mi mano continúa en su sitio tras unos minutos, por lo que supongo que es mansa. Y aquí viene la confianza: se sube al sofá y a mi espalda. Toma ya. Se hace un ovillito y empieza a ronronear...
Total, la dejé ahí. Estaba calentita y con el ronroneo parecía que tenía encima un aparato de masaje. Al rato se aburrió y se fue por donde había venido.
Está confirmado, señores: están ahí, y traman algo. No sólo han dejado de sentir miedo hacia el hombre, sino que planean esclavizarnos a lo Planeta de los Felinos.
Solo que esta vez, nos convertirán en sus sofás.
Chan-chan-chaaaaaaan...

JUAAAS XD Ays, gatos, la de cosas que puedo contar de mi Sansa...
ResponderEliminarJajaja me acaba de venir la música de "En los límites de la Realidad" a la cabeza de repente XD
ResponderEliminarXDDD los gatos son tremendos!! mi Enya me dio un susto que no veas el día que se coló por la ventana de la cocina y me lamió la mano que me colgaba de la cama; pedazo bote y grito solté, leñe... (y ella salió corriendo de vuelta al patio, por cierto XD)
ResponderEliminarandas en lo cierto; TRAMAN algoooo