Como habréis podido apreciar en el croquis, yo me hallaba sentada a la izquierda de Tadeo. Mientras la venerable acosadora de Sean Connery hablaba de su Tiny, yo estaba leyendo un libraco de sabiduría ancestral, aprovechando el cobijo que me daba mi estuche que era del tamaño de la caja de herramientas del “barbas” de Bricomanía. De repente… se oyó un ruido como si alguien muy suavemente llamara a mi portal… Coño. Mis disculpas, en ocasiones no sólo veo muertos sino que me posee pasajeramente el espíritu de Edgar Allan Poe para intentar birlarme el alijo de opio que guardo con el Cola Cao.
Aclaro: yo no siento miedo ni asco hacia estos bichos porque de hecho no siento emoción humana alguna (salvo quizás experimentar lujuria por los individuos presentas en el apartado de propiedad compartida, además de Sean Bean bajo todas sus formas). De modo que hice lo siguiente: tenía una araña en el brazo, no quería tener una araña en el brazo, con la mano izquierda me quité a la araña de encima lanzando en el sentido opuesto (la palabra clave es OPUESTO) al que estaba sentado Tadeo. Necesito que esto quede muy, pero que muy claro: no es que la araña no lo atacara, se le insinuara o intentase abusar de él sexualmente… es que no lo tocó… nunca… de ninguna manera: ÉL SOLO LA VIO. Y luego se desencadenó el infierno: el grito, las mesas, la teletransportación, la hiperventilación (leerse esto desde el principio y entero, no solo los pies de imagen, para captar toda la intensidad del relato)… él tan solo había visto una araña.
Tal que así:
Aclaro: yo no siento miedo ni asco hacia estos bichos porque de hecho no siento emoción humana alguna (salvo quizás experimentar lujuria por los individuos presentas en el apartado de propiedad compartida, además de Sean Bean bajo todas sus formas). De modo que hice lo siguiente: tenía una araña en el brazo, no quería tener una araña en el brazo, con la mano izquierda me quité a la araña de encima lanzando en el sentido opuesto (la palabra clave es OPUESTO) al que estaba sentado Tadeo. Necesito que esto quede muy, pero que muy claro: no es que la araña no lo atacara, se le insinuara o intentase abusar de él sexualmente… es que no lo tocó… nunca… de ninguna manera: ÉL SOLO LA VIO. Y luego se desencadenó el infierno: el grito, las mesas, la teletransportación, la hiperventilación (leerse esto desde el principio y entero, no solo los pies de imagen, para captar toda la intensidad del relato)… él tan solo había visto una araña.
Tal que así:
Así fueron las cosas.
Así se las hemos contado.
Bueno, más o menos... Sed indulgentes, joder, esto lo podría leer Spielberg y podríamos acabar contratando gente para que escribieran este blog por nosotras.
El resto es silencio (y risas, y náuseas, y cagarse en la Humanidad, pero sobre todo, silencio).
Así se las hemos contado.
Bueno, más o menos... Sed indulgentes, joder, esto lo podría leer Spielberg y podríamos acabar contratando gente para que escribieran este blog por nosotras.
El resto es silencio (y risas, y náuseas, y cagarse en la Humanidad, pero sobre todo, silencio).
(Y por favor, que alguien me explique qué le pasa a los blog con la letra, que se vuelven locos y luego no hay quien lo arregle).

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